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Ciudades andinas de Ecuador: Cómo manejar la altura y disfrutar

Las ciudades andinas del Ecuador —como Quito (aprox. 2 850 m), Cuenca (≈ 2 560 m), Ambato (≈ 2 577 m) y Riobamba (≈ 2 754 m)— comparten rasgos comunes: menor presión parcial de oxígeno, radiación solar más intensa, temperaturas con grandes oscilaciones diarias y un ambiente cultural adaptado a la altura. Para visitantes y recién llegados, esto implica una fase de ajuste fisiológico y de hábitos.

Base fisiológica: qué cambia al subir de altitud

  • La presión atmosférica disminuye con la altitud; la fracción de oxígeno en el aire es la misma, pero la presión parcial de oxígeno baja, por lo que llega menos oxígeno a los pulmones y tejidos.
  • El organismo responde con aumento de la frecuencia respiratoria y cardíaca, mayor producción de glóbulos rojos a mediano plazo y cambios metabólicos para optimizar el uso del oxígeno.
  • Estas respuestas requieren tiempo: horas para los cambios iniciales (respiración, pulso) y días a semanas para adaptaciones hematológicas y celulares.

Síntomas comunes y complicaciones posibles

  • Síntomas leves propios del mal de altura agudo: dolor de cabeza, cansancio general, sensación de náusea, inestabilidad o mareo, disminución del apetito y problemas para conciliar el sueño. Suelen manifestarse dentro de las primeras 6–48 horas tras ascender.
  • Signos que requieren atención: confusión, pérdida de la coordinación, somnolencia intensa que podría indicar un posible edema cerebral de altura, tos que no cede, aumento progresivo de la dificultad para respirar, respiración acelerada y una marcada reducción de la saturación, compatible con un posible edema pulmonar de altura.
  • Valores aproximados de saturación medidos con oxímetro: a elevaciones entre 2 500 y 3 000 m, es posible observar cifras de 85–94% en individuos sanos; niveles que se mantienen por debajo de 80–85% ameritan una valoración médica.

Formas eficaces de adaptarse al entorno

  • Ascenso gradual: se recomienda no ascender de forma brusca desde áreas costeras o bajas hacia alturas superiores a 2 500–3 000 m; cuando sea posible, realizar una parada nocturna intermedia. Por encima de 3 000 m, conviene que la altitud para dormir aumente solo entre 300–500 m diarios y programar jornadas de descanso cada 600–900 m acumulados.
  • Periodo inicial de adaptación: reservar entre 48–72 horas para actividad suave tras llegar a ciudades como Quito o Cuenca, evitando ejercicios intensos o esfuerzos exigentes durante los primeros días.
  • Hidratación y alimentación: mantener una ingesta abundante de agua sin esperar a sentir sed, limitar el alcohol y la cafeína al inicio, y preferir comidas frecuentes con alto contenido de carbohidratos que facilitan la utilización de oxígeno.
  • Descanso y sueño: dar prioridad a un buen descanso, ya que la altitud puede alterar el sueño por cambios en la respiración. Evitar sedantes o ansiolíticos salvo indicación médica.
  • Control médico y medicación preventiva: quienes padecen cardiopatías, problemas respiratorios o anemia deben consultar previamente con su médico. La acetazolamida se emplea en ciertos casos para prevenir el mal de altura, pero únicamente debe administrarse bajo indicación y supervisión de un profesional de la salud.
  • Medidas prácticas: usar vestimenta por capas, aplicar protector solar de alta protección debido al incremento de radiación UV en altura, llevar gafas de sol con filtro UV adecuado y considerar un oxímetro para control si se asciende a niveles elevados.

Remedios tradicionales y su papel

  • En diversas comunidades andinas se recurre a infusiones de hojas de coca y otras hierbas para mitigar malestares ligeros asociados a la altura; forman parte de la tradición local y muchas personas afirman experimentar alivio. Su consumo debe entenderse como un apoyo cultural y no como reemplazo de la atención médica cuando los síntomas se agravan.
  • El caldo caliente, las sopas ricas en nutrientes y las bebidas con azúcar o carbohidratos de absorción rápida (especialmente si aparece mareo o sensación de debilidad) constituyen prácticas habituales que ayudan durante las primeras etapas de aclimatación.

Casos prácticos y ejemplos en ciudades ecuatorianas

  • Visitante que arriba a Quito procedente de Guayaquil en la misma jornada: presenta un riesgo moderado de mal de altura. Se aconseja tomar un descanso inicial, evitar recorridos exigentes por el centro histórico, beber suficiente agua y optar por alimentos ligeros.
  • Turista que se dirige a los refugios de los volcanes Cotopaxi y Chimborazo: requiere aclimatarse durante varios días en Quito o Ambato antes de superar los 4 000 m; es importante seguir un plan de ascenso progresivo y valorar una noche de adaptación en alturas intermedias.
  • Residente recién trasladado a Cuenca por motivos laborales: suele adaptarse en un lapso aproximado de 1–2 semanas, dependiendo de la condición física y la edad; se recomienda vigilar niveles de hierro y hemoglobina y evitar labores demandantes durante la primera semana.
  • Trabajadores de campo o del transporte público que cambian de altitud con frecuencia: conviene mantener rutinas constantes de descanso, una alimentación equilibrada y chequeos médicos regulares para detectar anemia o posibles complicaciones cardiopulmonares.

Vida cotidiana: consejos para adaptarse a largo plazo

  • Condición física: el entrenamiento aeróbico gradual antes del viaje ayuda; pero no acelerar el ascenso en los primeros días.
  • Hogar y calor: usar ropa de abrigo por capas y asegurar buena calefacción nocturna para evitar enfriamientos que aumenten la sensación de fatiga.
  • Cocina y alimentación: en altitud la cocción tarda más; preferir sopas calientes y alimentos ricos en carbohidratos complejos y hierro (legumbres, carnes magras). Revisar estado de hierro en mujeres en edad fértil.
  • Protección solar y ojos: gafas con protección UV y protector solar de amplio espectro; labios y piel se resecan con facilidad.
  • Salud mental: algunas personas experimentan irritabilidad o alteraciones del ánimo; mantener rutinas de sueño y contacto social ayuda a la adaptación.

Grupos que requieren precaución especial

  • Mujeres embarazadas, personas con enfermedades cardíacas o pulmonares, y quienes han sufrido mal de altura previamente deben consultar al médico antes de viajar a altitudes elevadas.
  • Niños y adultos mayores pueden tolerar la altitud de manera variable; supervisión médica y ascenso más pausado suelen ser prudentes.

La vida en las ciudades andinas del Ecuador se nutre de elementos ambientales, tradiciones locales y reacciones fisiológicas; con una adecuada preparación, buena información y atención al propio bienestar, se puede disfrutar plenamente de la diversidad cultural y los paisajes que ofrecen estos destinos. Adaptarse implica no solo un cambio biológico, sino también reajustar rutinas diarias —como la alimentación, el descanso, el uso de protección solar y la organización de las actividades— para aprovechar la experiencia en la altura mientras se cuida la salud y se reconocen las prácticas ancestrales que forman parte de las comunidades andinas.

Por Alice Escalante Quesada